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me dijo: tú
el mexicano
de muchos nombres;
y yo escuché su voz
y la reconocí entre los vendavales de
Amsterdam
pero a propósito
no me volví para mirarle
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cuando Jesús (o alguien muy parecido)
llegó
y se sentó a mi lado
me habló de ventanas que solo dejan entrar
un cielo quieto
me habló de autos que transportan a tus
otros yo en el asiento trasero
me habló de un cabello que tapona el agua
de los océanos
y después me extendió la mano
diciendo adiós
y me quedé en aquella butaca mirándolo
por un rato
primero inmóvil, luego resignado
en un skatepark
junto a la plaza
sobre ese barrio
en aquella ciudad
y pensé en ti mientras los hombros me
temblaban
y quise llorar
pero no había nadie que mirase